El amor no
es como el cómodo sofá que colocamos en nuestro dormitorio después de haber
escogido su tamaño, color, material y diseño.
El amor es algo con identidad propia que llega a nuestras vidas y se va
desarrollando con ellas según nuestra voluntad lo permite.
Estamos acostumbrados a la idea
de que todo tiene un inicio y un final.
Las cosas empiezan en alguna parte, se desarrollan, y terminan: la
construcción de una máquina, la elaboración de un alimento o de una prenda de
vestir, … las cosas no se realizan por arte de magia, necesitan planificación,
dedicación, atención, cuidado, diligencia, fidelidad, … y el amor necesita de
esto igualmente.
El amor es. Al unirse a nuestras vidas, en cualquier
etapa de ellas, se inicia su desarrollo.
El amor se une a mí y empieza a desarrollarse dentro de mí como una
parte de mi ser. Es este desarrollo el
que tiene tiempos. Estos tiempos son
iguales para todos los seres humanos, pero no se manifiestan en la misma
forma. En unos una etapa puede ser más
larga que en otros, o más corta, más dolorosa, o más excitante, … esto depende
de nuestra actitud y de nuestra identidad.
El amor empieza a desarrollarse
en nosotros una vez nosotros le hemos abierto la puerta, a través de la fe y de
la confianza, … le hemos dado la bienvenida y lo hemos invitado a quedarse para
siempre. Si esta invitación y decisión
permanece fiel hasta el final, el amor se desarrollará y bendecirá nuestra vida
a través de este desarrollo, … si somos infieles, el amor partirá y nos dejará
en cualquier etapa debido a nuestra resistencia y falta de participación
activa.
El amor debe desarrollarse como
una parte integral de nuestro ser. Si
sabemos abrazarlo y atesorarlo, el amor enriquecerá nuestras vidas y las
llenará de color y aroma, de bondades.
Nunca seremos amor, pero sí seremos lo que hayamos decidido ser, y el
amor jugará su papel importante en ello.
El amor irá cumpliendo sus tiempos, y cada uno de nosotros obtendrá de
él lo que cada uno le haya permitido hacer. Todos tendremos una cosecha personal y un
fruto individual.
Los tiempos del amor son así:
El primero (comparable a la primavera): El primer tiempo del amor es un tiempo de
“sensaciones”. Nuestra mente aún no
entiende sus leyes, ni maneja las situaciones conscientemente. Respondemos al amor en una forma espontánea y
subconsciente, básicamente a través de nuestros sentimientos.
En el
primer tiempo del amor somos crédulos, sin complicaciones. Estamos abiertos, dispuestos, … queremos
servir, ayudar, dar, … somos inocentes y no vemos faltas, no vemos maldad, …
estamos llenos de ilusiones, de alegría, de fe, de energía, de cariño, …
Este “ambiente” de sentimientos
puros, positivos, amorosos, bellos, nos llena de paz, de salud, de vida. No hay temor, no hay malos recuerdos del
pasado, … lo que tenemos es nuestro presente y no estamos afanados por el
futuro, sólo disfrutamos cada momento y lo abrazamos con agradecimiento y
emoción.
Este tiempo es un tiempo muy
lindo, de sensaciones e ilusiones; de
experiencias gratas, enfocadas al corazón.
Recibimos sin darnos cuenta de ello y nos llenamos constantemente del
bien.
Los desalientos, las
decepciones, las heridas pueden ser muy dolorosos en esta etapa, pues es un
desencanto, una decepción, una tristeza tener que enfrentar la realidad de que
no todo es tan hermoso, tan perfecto, tan maravilloso como pensábamos o
creíamos.
Dependiendo de las experiencias
pasadas que hayamos tenido antes de dejar que el amor entrara a nuestras vidas,
dependerá el riesgo de perder la fe en él.
Estas experiencias facilitarán o dificultarán el crecimiento simultáneo de
nuestro ser interior con el amor. Cada
experiencia representará una oportunidad y un reto: ¿escoges el amor? o
¿escoges el dolor? El amor es un
privilegio, pero también una responsabilidad.
El amor ofrece muchas cosas buenas, pero también demanda nuestra
participación: paciencia, fidelidad, perdón, fortaleza, fe, … El dolor nos
empuja hacia el materialismo, el egoísmo, el resentimiento, la dureza, la
agresividad, …
Poco a poco vamos despertando a la conciencia
de la importancia del involucramiento de la mente consciente para poder
armonizar con la justicia. Esto nos
lleva a la segunda etapa.
Como dijimos, el amor camina con
nosotros y nos acompaña en nuestro crecimiento.
En esta siguiente etapa es muy importante retener lo que el amor nos ha
dado y enseñado, y proseguir a la siguiente, sin renunciar a lo primero: la inocencia, la fe, la apertura, la
confianza, la alegría de sentir, de dar, de experimentar.
Nuestra decisión de caminar con
el amor debe ser constante; debemos renovarla una y otra vez, en cada circunstancia
que pone nuestra determinación a prueba.
El segundo tiempo (comparable al verano): Es de tomar conciencia. La segunda etapa del amor es esa en la que
tomamos conciencia de la realidad. En
esta etapa vemos con los ojos y oímos con los oídos. En esta etapa ya no sólo percibimos y
sentimos, sino entendemos la realidad.
Tenemos un encuentro más cercano con la verdad. Nos desligamos un poco de nuestra conciencia
de nosotros mismos para adquirir conciencia del mundo a nuestro alrededor.
El amor respeta. El amor comprende. El amor perdona. El amor espera. El amor nos guía a buscar la felicidad dentro
del marco de la verdad global, no personal.
El amor no hace acepción de personas, por lo tanto no va a tener
preferencias conmigo ni con ninguno, sino va a defenderse siempre a sí mismo,
como núcleo de justicia.
Si permito que la verdad sea la
verdad, y aprendo de ella, voy a sacar mucho más provecho de esta etapa. Debemos permitir que el amor sea el maestro,
y tener una actitud de aprendizaje y no de resistencia para no sufrir daño.
En la primer etapa, debido a las
muchas emociones y sentimientos podemos tener la “sensación” de que todo está
bien y de que todo es perfecto. Estamos
cautivados, convencidos, ilusionados, entusiasmados, … pero con el pasar del
tiempo tendremos que enfrentar la realidad del mundo que nos rodea, y es aquí
donde podríamos darnos cuenta de que aún llevamos con nosotros cosas
inconclusas del pasado. Este
reconocimiento nunca se dará en la primera etapa, sino en el momento en el que
empecemos a tomar conciencia de la segunda.
Es aquí donde tenemos que empezar a manejar la verdad con
responsabilidad y tomar toda la ayuda que el amor pueda darnos para vencer y
sacar provecho de todas y cada una de las cosas que puedan presentarse.
El amor es perfecto en sí
mismo. Este nunca nos presionará, ni nos
reprenderá, … el amor es una constante invitación a tomar parte activa en
él. Es por ello que lo que debemos hacer
es participar, escucharle, creerle, acatar, aprender, responder con voluntad,
con inteligencia, con fortaleza, con fe, con diligencia, con fidelidad.
Es en esta etapa en la que
podemos cometer más errores. Si en la
primera hemos disfrutado, todo lo que hemos recibido nos ayudará a responder
mejor en esta. Si ya en la primera nos
hemos resistido, ya traemos un déficit y una contradicción, pues hemos entrado
a la segunda etapa sin haber concluido correctamente la primera.
Debemos, pues, cerrar los
ciclos, así como terminamos los años escolares.
Debemos permitir que el niño en nosotros sea totalmente libre para
existir, para disfrutar, para reir, para cantar, para expresarse, para recibir
abiertamente todo lo que la vida le concede, y luego debemos proceder a
enfrentar la responsabilidad que el entendimiento nos trae.
Toda resistencia a la aceptación
de la verdad será un indicador de corrupción y una ruptura entre el amor y
nosotros. Tendremos una doble naturaleza
peleando dentro de nuestro ser.
Debemos comprender que esto
implica un alto riesgo de perder nuestra conexión con el amor, y que ceder es
lo mejor y lo inteligente. Es el único
camino que lleva a la vida, pero no es la única opción.
Esta segunda etapa, es pues, la
etapa del reconocimiento. Debemos buscar
llenarnos de conocimiento. Respetar el
orden preestablecido de la naturaleza, del cual aprendemos como seres
vivos.
Todo tiene su tiempo. Todo tiene su orden. En esta etapa empezamos a entender este
principio. Entendemos que la manzana que
está en el árbol no es producto de la magia, sino de un largo
procedimiento. Así entendemos los
peligros de estorbar, alterar o detener alguna de estas etapas. Se inicia en
nosotros un tiempo de adquisición de una conciencia que deberá acompañarnos a
lo largo de toda nuestra vida. Esta
concientización es algo que deberá desarrollarse y permanecer a nuestro lado
siempre para la protección del amor y de la vida, de los cuales y en los cuales
tendremos una participación cada vez más activa, limitada únicamente por
nuestra propia capacidad y elección.
Esta elección es la que tenemos que tener en cuenta constantemente al
tomar decisiones en nuestro caminar.
Es muy importante diferenciar
emociones de sentimientos. Las emociones
tienen mucho que ver con la pasión, y la pasión afuera del amor es destructiva,
así como lo son las emociones. Estas son
un componente de la personalidad, especialmente en la primera etapa del amor,
pero deben ir madurando con la persona.
Las emociones fuera del gobierno de los sentimientos o la razón vienen a
ser destructivas, siempre. Es, pues,
parte esencial de la madurez el controlar, canalizar y gobernar nuestras
emociones. Es sólo hasta que hemos
logrado nuestra madurez (cuarta etapa) que podemos concedernos el llevar
nuestras emociones al clímax que se logra en la libertad, pues sabemos
gobernarlas en un orden perfecto, que no sólo no daña ni destruye, sino nos
permite tener la alegría y felicidad circunstancial más alta e intensa que
podemos experimentar como seres humanos.
“Las emociones siempre deben estar bajo la responsabilidad de la razón y
la voluntad.” James Dobson, (“Emociones,
¿puedes confiar en ellas?”)
Como padres nos toca proteger a nuestros
hijos del desconocimiento, y ser su protector y guía, pero jamás capataz ni
carcelero. Ellos deben tener el espacio
necesario para ser ellos mismos, conocerse, desarrollarse e ir tomando
responsabilidad, conforme van creciendo y saliendo de nuestro rango de
influencia y cuidado. La ley que
gobierna, establece y mantiene la justicia es el amor mismo. Todos tenemos una responsabilidad personal de
conciencia.
El tercero (comparable al otoño): La tercera etapa es aquélla en la que
empezamos a unir nuestro entendimiento con el mundo que nos rodea. No solo entendemos y conocemos, sino que
empezamos a involucrarnos activamente.
Esta etapa incluye tanto el
aprendizaje como la activación. Es en
esta en la que nos llenamos de preguntas y necesitamos obtener la respuesta
para empezar a involucrarnos.
Según nuestro temperamento
estaremos más o menos activos, y el aprendizaje y las acciones estarán juntos o
separados el uno del otro, pero ambos tendrán que darse. Algunos actuarán sin el conocimiento, en la
disposición y deseo de amar. Otros
esperarán a tener el conocimiento para actuar, y otros aprenderán y actuarán
simultáneamente, pero ninguno puede permanecer inactivo. Todo estancamiento en el proceso de
crecimiento indica corrupción, resistencia, “muerte”.
El cuarto tiempo (comparable al invierno): La cuarta etapa es aquélla en la que ya somos
partícipes de la vida. Tenemos
responsabilidad colectiva.
Una parte de nosotros siempre permanecerá en
la tercera etapa, pues siempre seguiremos extendiendo nuestro círculo de
alcance. Pero otras cosas se desarrollarán
hasta lograr la madurez, la plenitud, la optimización, y podrán ser disfrutadas como fruto maduro. Mientras que otra parte de nosotros podrá
seguir teniendo relación con el mundo a su alrededor desde la tercera.
La segunda etapa vendrá siempre
a actuar al enfrentarnos a algo nuevo.
La primera etapa estará siempre en nosotros para la parte sensitiva,
pero media vez llegamos a la cuarta etapa, es en ésta en la que debemos
permanecer para cumplir con nuestra responsabilidad como seres humanos. Cualquier retroceso será infidelidad,
decadencia, destrucción.
La vida en el amor debe ser como
un río en su cauce. Su corriente no
siempre lleva la misma fuerza, pero jamás la pierde ni deja de correr. El agua siempre está en él, y lleva vida,
salud, fuerza, a dondequiera que vaya.
Debe de ser como un baile armonioso y coordinado, en el que no se pisan
los pies del otro, ni se baila fuera del ritmo de la música, ni sin conciencia
de la pareja.
Las etapas o tiempos son algo
natural que se da en su orden, y debe ser respetado, pero una vez las etapas se
han manifestado es la vida la que dirige y nosotros los que bailamos a su
ritmo, según nuestra individualidad. Y
esto es nuestra responsabilidad.
Como en una fiesta, es cada uno
el que decide qué tanto participa y qué tanto disfruta de ella. Así es como debemos vivir: con
responsabilidad, y anhelando disfrutar a manos llenas de la felicidad que vivir
en amor nos concede. Nadie puede
obligarnos a nada, ni puede establecer qué debemos hacer o dejar de hacer. El amor es una cuestión de conciencia, en la
que sólo el amor, Dios y yo sabemos qué es lo que está sucediendo por dentro. Aunque la realidad externa demuestre ciertas
verdades innegables, el amor es una realidad personal de la cual todos podemos
disfrutar, y, a la vez, de la cual todos deberemos dar cuentas al Dador.
¡Comprendamos el gran privilegio que es el amor, y entreguémonos
confiada y alegremente a la aventura de sentirlo, entenderlo y vivir conectados
y unidos a él; en la búsqueda constante de una felicidad lícita, que respeta y
busca la justicia, garantizando su permanencia!
"La calidad nunca es un accidente...
siempre es el resultado de un esfuerzo inteligente."
John Ruskin
"Todas las cosas excelentes son tan difíciles como raras."
Benedict Spinoza
"Dios nunca nos pregunta acerca de nuestra capacidad o incapacidad -
se interesa por nuestra disposición."
Seasons of the Heart
Anexo: Las estaciones coinciden con los sentimientos. La primera (primavera) es alegría, en la
segunda (verano) hay intensidad, en la tercera (otoño) hay un menguar, y en la
cuarta (invierno) los sentimientos deben ser neutrales para exaltar la justicia
del amor mismo. En cuanto a nuestro
desarrollo humano, en la etapa de niños (0-10 años) nos descubrimos, en la
juventud (10-20) aprendemos a comprendernos, y entre los 20 y 30 años nos
definimos (madurez), y luego vivimos en una constante adaptación que se adecúa
a nuestra identidad y a nuestras circunstancias. Pero permanece siempre un tiempo de alrededor
de diez a-ños que hace necesario un reajuste individual con la vida.
Entre más retardemos
nuestra comprensión, más se dificultará realizar las etapas correctamente. Es muy importante entender esto para poder
lograr la felicidad lícita que la vida nos ofrece. Las etapas no deben ser forzadas, ni
adelantadas ni retrasadas, solamente respetadas. Si las circunstancias externas han impedi-do
o dificultado el desarrollo de una o varias etapas, esto se manifestará en
forma natural al entrar a la si-guiente.
De llegarse a la tercera etapa sin haber podido vivir las dos
anteriores, la persona puede encontrar difícil aceptar la manifestación de las
dos primeras, pero debe hacerlo para recuperar el tiempo perdido. No debemos definirnos sin habernos
descubierto ni comprendido.
Cuando una persona llega
a la etapa de la comprensión después de haber sufrido mucho en la etapa del
descubrimiento, debe renunciar a todo intento de entender lo sucedido en la
etapa anterior. Lejos de intentar
comprender la etapa perdida, debe olvidar y concentrarse en entenderse
ella. Eso es lo principal y
verdaderamente importante. Debe
disfrutar el descubrimiento y la comprensión con libertad y alegría, y asegurarse
de no sentir ninguna culpa por separarse y desligarse de las personas que la
lastimaron y le impidieron vivir la primera etapa de su vida como debió de
haber sido.
Es importante tener
claro que la comprensión no es lo mismo que la aceptación. En la comprensión aceptamos todas aquellas
cosas que no podemos cambiar, y también todas aquéllas que deseamos
cambiar. Esto es muy importante para
pasar a la etapa de la definición, que es en la cual desechamos, abrazamos, y
decidimos quiénes hemos de ser; con qué hemos de quedarnos y de qué hemos de
deshacernos.
Recomendación:
Blogs:
“Identidad”, “Mi retrato", "El Miedo".
Libro: "Hablando de Amor" (Ami Contreras B.)
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Canciones:
Bellamy Brothers: "Let your love flow"
Chayanne: "Humanos a marte"
Huey Lewis: "The power of love"
L. Richie: "Truly"
Bette Midler: "From a Distance"
Amy Grant: "That´s what love is for"
Jack Wagner: "All I need to know"
R. Carlos: "De corazon a corazón"Bellamy Brothers: "Let your love flow"
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E. Iglesias: "Por amarte"
Ghost soundtrack: "I need your love"
E. Carmen: "Make me lose control"
L. Miguel: "Te necesito"
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Lucero: "Electricidad"
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